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Diario Expreso - Guayaquil :: Sabado 5 de Diciembre del 2009 PDF Imprimir E-mail

Sábado, 05 de Diciembre de 2009 - 20:59
Redacción Guayaquil - Quintero Francisco


Aventureros empresarios le apuestan a su producción

El enigma de los vinos ecuatorianos

 

En las arcillosas tierras de la Península ecuatoriana, en San Miguel de El Morro, a solo 90 kilómetros de Guayaquil, crecen jóvenes cepas francesas que auspician el nacimiento de una colección de vino

 

El visitante tiene que desviarse por un camino polvoriento que se abre justo antes de llegar a la base militar del grupo de caballería mecanizada de Saraguro. La carretera es sinuosa, de subidas y bajadas, que -casi al final- se convierte en una senda que bordea las aguas de los canales de riego de la Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca baja del Río Guayas, (Cedegé).

 

La travesía, por un paisaje más bien triste, llega a su final, en medio de malezas y uno que otro arbusto. Los madereros se llevaron todo: los algarrobos, los guayacanes, las agüillas, los cascoles. Lo único que dejaron fue la infaltable brisa de 3 a 4 de la tarde y las grandes e imponentes ceibas: “retienen mucha agua, por eso ni para madera sirven”, aclara el espantapájaros, un campesino de sombrero alón y cartuchera de correaje al hombro.

 

Sobre el paisaje ondulado, en el calcáreo suelo de San Miguel de El Morro, el milagro: 9 hectáreas sembradas con más de 30.000 plantas emparradas y en cordones en T de las mejores cepas francesas: cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, shiraz, chardonnay, malbec. Dispuestas en hileras a 2 metros y medio la una de la otra, sobre una reserva de seis millones de metros cúbicos de agua, a 80 metros de profundidad.

 

San Miguel de El Morro no es, desde luego, Martha’s Vineyard, pero desde que en los 80 la Cedegé trajo a expertos brasileños con el fin de crear un plan de riego para la zona, pronto la tierra ha ido cobrando su verdor. Crecen el mango, la papaya, las bananas. Y desde el 2001, los ¡viñedos! de la empresa ecuatoriana Dos Hemisferios, fabricante de los vinos tinto, Bruma y Paradoja. Y de Enigma, un vino blanco chardonnay, con intenso aroma a frutas tropicales.

 

¿Viñedos? El gerente de producción de Dos Hemisferios es Pablo Taramelli, un físico argentino de la Universidad de Lovaina (Bélgica), quien abandonó el estudio de los átomos para gravitar en torno a los vinos. Los entendidos dicen: imposible, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio no se puede hacer buen vino. “Falso, estamos en el centro y produciendo vinos que ya han obtenido premios internacionales”, dice Taramelli, con su inconfundible acento argentino.

 

Enigma que sale por primera vez hoy al mercado nacional, no solo ganó en Quito premio de Plata en el Concurso Internacional Gala del Vino 2009 entre 214 vinos del mundo. También obtuvo oro en el IX Concurso Internacional de Vinos, realizado en octubre pasado en Mendoza (Argentina).

 

Desde Mendoza, el enólogo Abel Furlán -encargado de ver desde la calidad de la uva hasta las normas para realizar el embotellado- lo confirma: “Compitió entre 836 vinos de todo el mundo -como el riesling de Alemania- obteniendo medalla de Oro”, con la aprobación de 90 catadores internacionales.

 

Llegar allí ha sido un camino lleno de ensayo y error, como en la física. Se empezó con las uvas de mesa que dejaron los agrónomos de la Cedegé a los campesinos, después cebolla perla que exportaban a EE.UU.: “con el atentado a las Torres el negocio se arruinó”.

 

La uva, como la aceituna, necesita de tierras pobres. “Otro mito”, sostiene Taramelli. “En Europa lo hacían así porque las buenas se destinaban a las hortalizas, y tanto la uva como la aceituna son plantas aguantadoras, que se adaptan a cualquier terreno”. A alguien se lo oyó, y lo cuenta.

 

Taramelli y su socio de aventura, Guillermo Wright, se encargaron de derribar uno a uno los mitos. Nadie sabía en el país de viñedos. Ni ellos. Recurrieron a la ayuda de un agrónomo argentino. Trajeron las varas en valijas. Primero de Brasil, luego de Argentina. Instalaron en sillas a algunos trabajadores para que ensayaran a hacer las puntas y amarrar los injertos. Fueron semanas enteras de exámenes.

 

En 2004, bajo el luminoso cielo de San Miguel y las corrientes frías de Humboldt, se sembraron las primeras cepas francesas. En 2007, lista la primera cosecha, Wright, director de la Cofradía del Vino en Guayaquil, se encargó de hacer “catas ciegas”. Los invitados eran amigos: 20 en total. De Paradoja, el primero en salir, se obtuvieron 1.460 botellas. Pasados los “exámenes”, y listo para la venta, solo habían 863: ¡597 redomas en degustaciones!

 

Los nombres fueron el resultado de reuniones entre amigos y esposas. Paradoja, fue ocurrencia de un compañero. Bruma, de Wright. Y Enigma, el último de los vinos en salir, de Debbie Lebed, amiga de la esposa de Taramelli.

 

Para celebrar el repentino éxito de estos morapios ecuatorianos, los 20 amigos decidieron una tarde escaparse hasta el viñedo, cargando quesos, pan y fiambre, además de las mesas, los vinos y los manteles. Lo hicieron al morir la tarde, bajo una frondosa ceiba, la única que dejaron en pie los madereros. La escena se repitió, una semana después, entre las esposas. ¡Salud!

 

Los Datos Cultivadores. España, con 1,2 millones de hectáreas, es el mayor cultivador de Europa. Le siguen Francia e Italia. productores. Sin poseer las mayores extensiones, Francia es el mayor productor de vinos del mundo con 55 millones de hectolitros al año.

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